Cuando bajan las temperaturas, el viento parece haberse convertido de repente en un cuchillo y tu aliento sopla nubes como si hubieras aterrizado en un cuento de hadas, la mayor preocupación pasa a primer plano de forma natural: ¿cómo te aseguras de que tu bebé se mantenga calentito? Los bebés son como pequeños calentadores, pero sus orejas… eso es otra historia. Son sensibles, frágiles y no están hechas en absoluto para el viento, la lluvia o la nieve inclementes. Y si hay algo que siempre oigo decir a los padres es: «Tiene la cabeza calentita, pero esas orejas… brrr".
En este blog, te explico todo lo que necesitas saber para mantener esas lindas orejitas calientes, seguras y sanas. Y sí, te diré enseguida por qué las orejas de los bebés son a veces como platos hondos que atrapan todo lo que no quieres: frío, viento, humedad e incluso bacterias. Tranquila: con los consejos adecuados, llegarás muy lejos.
¿Por qué son tan sensibles los oídos de los bebés?
Los bebés tienen una termorregulación que aún se está desarrollando. Mientras que tú puedes soportar sin esfuerzo una ráfaga de viento frío sobre tu oreja (vale, sin esfuerzo), a un bebé le cuesta más hacerlo. La piel es más fina, la circulación sanguínea aún tiene que aprender a optimizarse y el cartílago de la oreja aún es blando y flexible. Eso está bien para las fotos, pero es menos útil en una tormenta de otoño.
El frío y el viento pueden hacer que el pabellón auricular se enfríe, y esto no sólo produce una sensación incómoda, sino que también puede contribuir a los problemas de oído. Piensa en infecciones de oído, irritación del conducto auditivo o simplemente en un bebé que llora dejando claro que no se divierte.
El viento como mayor culpable
Si hay un enemigo del oído de un bebé en invierno, es el viento. Incluso una suave brisa puede resultar incómoda para tu bebé. El frío sopla directamente sobre el conducto auditivo, lo que puede hacer que el tapón -si lo usas- esté frío y húmedo, e irritar la piel que lo rodea. No es divertido.
Por no hablar de los chubascos ventosos o las nevadas. Una combinación de humedad y frío es una receta para el malestar. Y los bebés te lo hacen oír inmediatamente, alto y claro.
¿Cómo evitar que los oídos se enfríen demasiado?
Lo básico es sencillo: proteger, proteger y proteger. Pero la forma de hacerlo marca la verdadera diferencia.
Elige un buen sombrero
El clásico. Un gorro que cubra las orejas es imprescindible. Pero cuidado: no todos los gorros son adecuados para los bebés. Las mejores opciones tienen:
- Orejeras que se ajustan bien
- Un tejido suave y transpirable (algodón o vellón, nada de lana gruesa directamente sobre la piel)
- Una correa o cordón bajo la barbilla para que el sombrero no se mueva
Y créeme: los bebés son maestros del sabotaje de sombreros. Sin barboquejo, volverás a tener una oreja al aire en dos minutos.
Utiliza una capota cortavientos para el cochecito
No sólo el gorro cumple su función. El cochecito puede ser tu mejor amigo en los días fríos. Una capota cortavientos evita que el viento sople directamente sobre la cara y las orejas de tu bebé. Sobre todo en los paseos largos, esto vale su peso en oro.
Un consejo extra: no abras demasiado la capota. Por muy tentador que sea ver brillar a tu bebé, el viento siempre encuentra la forma de entrar.
Diadema u orejera protectora
Hay orejeras especiales para bebés y correas suaves que puedes poner alrededor de la cabeza. Se ajustan suavemente, no ejercen presión y mantienen los oídos protegidos sin amortiguar la audición. Prácticos para llevarlos en el fular o durante salidas cortas.
Nota: elige siempre modelos diseñados específicamente para bebés. Nada de soluciones improvisadas; los bebés tienen la piel sensible.
¿Y si tu bebé se moja?
Puedes tener la última capota para cochecito, un gorro que se ajuste bien y la habilidad de un ninja para esquivar el viento, pero a veces simplemente ocurre: tu bebé se moja. La lluvia, la nieve, las babas (eso también lo cuento yo) o un vaso para sorber volcado pueden mojarle las orejas.
Los oídos húmedos pueden enfriarse y causar irritación. Si esto ocurre:
- Seca suavemente con un paño limpio y seco
- Evita los bastoncillos de algodón (siempre)
- Asegúrate de que tu bebé esté abrigado y protegido después
El secado debe hacerse de forma natural. No introduzcas toallitas en el conducto auditivo; esto hace más mal que bien.
Por qué los bebés contraen infecciones de oído más rápidamente
Infecciones de oído y bebés: es casi un tópico. Pero tiene una causa lógica. La trompa de Eustaquio -el conducto que regula la presión en el oído- es más corta, estrecha y horizontal en los bebés. Esto permite que la humedad se adhiera a ella más fácilmente. Combínalo con el frío y el viento que causan irritación, y tienes una tormenta ideal para los problemas de oído.
El calor y la protección mantienen a raya la irritación, reduciendo la probabilidad de problemas.
¿Cómo reconoces que los oídos han estado demasiado fríos?
Los bebés no pueden decir: «Eh, mamá/papá, tengo la oreja rara". Pero se comunican. Sólo tienes que aprender a leer sus señales.
Nota:
- Enrojecimiento del pabellón auricular
- Llorar sin motivo aparente
- Un bebé tirándose de la oreja
- Sueño intranquilo
- Nariz taponada combinada con molestias en los oídos
¿Ves esto a menudo después de estar al aire libre? Lo más probable es que las orejas se hayan resfriado.
Caliente, pero no demasiado: el equilibrio es la clave
Los bebés también se recalientan más deprisa que los adultos. Así que debes encontrar un término medio: lo suficientemente abrigado contra el frío, pero no tanto como para que tu bebé parezca un visitante de una minisauna.
Consejos:
- Elige materiales transpirables
- Evita la lana gruesa directamente sobre la piel
- Comprueba regularmente que tu bebé no suda
- Utiliza capas: puedes ajustarlas fácilmente
El lema: mantener el calor sin el efecto sauna.
Protección especial durante las actividades invernales
¿De verdad vas a salir al frío? Piensa en ello:
- Diversión en la nieve
- Paseos de invierno
- Salidas con mal tiempo
- Deportes de invierno (sí, algunos padres son ambiciosos)
Para este tipo de actividad, las orejeras, los gorros de invierno con forro grueso y, posiblemente, los tapones protectores -especialmente para los bebés- no son ningún lujo.
¿Tapones para los oídos de los bebés? Sí, existen. Especialmente útiles en caso de vientos fuertes o actividades acuáticas. Pero elige siempre modelos adecuados para los oídos de los bebés y no los utilices nunca sin consultar a un especialista.
¿Y en interiores?
El interior suele ser cálido y confortable, pero las corrientes de aire también pueden influir. Especialmente en las casas más antiguas, una corriente de aire frío puede ser a veces sorprendentemente eficaz para llegar al oído de un bebé.
Entonces:
- Evita dormir cerca de las ventanas
- Comprueba las rejillas de ventilación y las puertas
- No pongas la cuna en la línea de tiro
A menudo sólo lleva dos minutos, pero ahorra muchos llantos.
Orejas pequeñas, gran atención
Las orejas de tu bebé merecen tanta atención en invierno como el resto de su cuerpo. Son sensibles, vulnerables y a menudo las primeras afectadas por el frío y el viento. Con un buen gorro, accesorios protectores, un uso prudente de la capota del cochecito y un poco de vigilancia, puedes evitar muchos disgustos.
Tanto si das un paseo corto bajo la lluvia otoñal como si haces una excursión nevada que parece una película de Navidad: mantén calientes esas orejas. Así tu bebé estará cómodo Y sano, y tú disfrutarás un poco más de la excursión, sin estresarte por unas orejas frías que no quieren mantenerse calientes.
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